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viernes, 29 de junio de 2012

LA PIEDRA



El distraído tropezó con ella.
El violento la utilizó como proyectil.
El emprendedor, construyó con ella.
El campesino, cansado, la utilizó de asiento.
Para los niños fue un juguete.
Drummond la poetizó.
David, la utilizó para derrotar a Goliat.
Y Michelangelo le sacó la más bella de las esculturas.

¡En todos los casos, la diferencia no estuvo en la piedra, sino la persona que se tropezó con ella!


(Anónimo)


                                                                     

sábado, 19 de mayo de 2012

YO SOY

Yo soy  

 

Muero cada día al anochecer
y nazco de nuevo en cada ola,
en cada brisa y en cada flor,
en cada instante, 
en cada ahora.
Mi cuerpo me delata, muestra un
aliento que me mira, 
yo soy yo
más allá del todo 
y el todo que soy me respira.
La eternidad no tiene tiempo
y el tiempo está eterno 
en cada segundo vital del momento, 
distraerse
 es morir en vida.
La dualidad siempre deforma,
caminar 
no es dar pasos,
es 
moverse adelante...


Sergi Iglesias Romero



martes, 21 de febrero de 2012

¿QUÉ ME PONGO?

(¿Qué disfraz me pongo?)



Por suerte, tengo el vestido de ir desnudo
 
Ese, hecho de harapos.

Ese de un color,  que volvió loco  al Sr. Pantone.
 
Ese que actúa como espejo de mi mismo.

En el que se puede ver lo más escondido.

Lo que yo no veo y los otros si ven.
Lo que yo veo y los otros no ven.
Lo que no ve nadie.
Lo que vemos todos.

Ese que cuando me cubre me transporta al cielo.
Ese que cuando me cubre me transporta al infierno.

Ese de los campos de arroz, de los campos de libertad sin límites

Cosido con tantos puntos como estrellas en el firmamento.

Ese que no poseo ni me posee.

Suerte que tengo el Kesa, 
y todos los días son día de Boda,
para mí. 


Por Toni, escrito en su blog "Comando Dharma"
Viernes 1 de Julio de 2011


                                                     

domingo, 22 de enero de 2012

EL CORAZÓN ES DE LA MISMA SUSTANCIA QUE EL CIELO.

El corazón es de la misma sustancia que el cielo.

Para un pensamiento alegre es

como la Estrella de los Justos, o un feliz presagio.

Para un pensamiento encolerizado es

como la tempestad y la tormenta.

Para un pensamiento compasivo es

como la brisa y el rocío.

Para un pensamiento severo es

como un sol ardiente o una helada otoñal.

Todos esos aspectos se alternan, 
basta con aceptar su irrupción o desaparición
para sentirse libre como el universo,

de la misma sustancia que el cielo.

Hong Zicheng. Poema.





jueves, 12 de enero de 2012

VIDA (Poema)

VIDA


Después de todo, todo ha sido nada
a pesar de que un día lo fue todo
Después de nada o después de todo,
supe que todo no era más que nada


Grito ¡Todo! y el eco dice ¡Nada!
Grito ¡Nada! y el eco dice ¡Todo!
Ahora sé que la nada lo era todo
y todo la cenizas de nada


Nada queda de lo que fue nada
(era ilusión lo que creía todo
y que en definitiva era la nada)


Qué más da que la nada fuera nada
si más nada será después de todo,
después de tanto, todo para nada


José Hierro

miércoles, 4 de enero de 2012

EL VIEJO ARBOL MUERTO EN EL CORAZÓN DE LA MONTAÑA

EL VIEJO  ÁRBOL

El viejo árbol muerto en el corazón de la montaña
precipita su cuerpo
hacia lo más profundo del abismo sin fondo.
Limado por el viento,
lavado por la lluvia,
desmembrado por las tempestades,
ha padecido mil inviernos.
Solo la esencia del árbol subsiste.
Aunque lo dividamos con el hacha,
no encontraremos su esencia.
El árbol es espléndido,
sin embargo carece de flores, hojas y ramas,
no tiene corteza ni savia.
Está completamente seco,
acumuló la esencia de su experiencia secular.

El dojo zen también se llama dojo del árbol muerto.
¿qué quiere decir esto?
Detenerlo todo, abandonar cualquier pensamiento consciente,
sin finalidad,
sin deseo de convertirse en dios,
sin bien ni mal.

Zazen es el árbol muerto,
no una técinca del bienestar
ni una carrera social,
está más allá, mucho más allá.
Quiere horadar las nubes,
como la cima de la gran montaña.
La vida del hombre es como un océano,
rizado a veces por la brisa, a veces una cordillera de agua;
pero sólo algunas olas llegan al poderoso acantilado.

Los hombres no ven desde la playa más que le flujo y reflujo de las aguas.
sus ojos no llegan al gran océano.

Tras el canto del mirlo,
la montaña parece aún más silenciosa.

Creer, practicar, experimentar aqui y ahora
la vieja, la eterna verdad, en toda su frescura.
Tal es el espíritu del Zen.

Maesto Taisen Deshimaru
Libro la práctica del zen. 

(Del blog de Comando Dharma)

                                             

domingo, 11 de diciembre de 2011

"Hojas secas" Poema

   HOJAS SECAS

 

 

 

I


Mañana que ya no puedan
encontrarse nuestros ojos,
y que vivamos ausentes,
muy lejos uno del otro,
que te hable de mí este libro
como de ti me habla todo.

II

Cada hoja es un recuerdo
tan triste como tierno
de que hubo sobre ese árbol
un cielo y un amor;
reunidas forman todas
el canto del invierno,
la estrofa de las nieves
y el himno del dolor.

III

Mañana a la misma hora
en que el sol te besó por vez primera,
sobre tu frente pura y hechicera
caerá otra vez el beso de la aurora;
pero ese beso que en aquel oriente
cayó sobre tu frente solo y frío,
mañana bajará dulce y ardiente,
porque el beso del sol sobre tu frente
bajará acompañado con el mío.

 IV

En Dios le exiges a mi fe que crea,
y que le alce un altar dentro de mí.
¡Ah! ¡Si basta no más con que te vea
para que yo ame a Dios, creyendo en ti!

V

Si hay algún césped blando
cubierto de rocío
en donde siempre se alce
dormida alguna flor,
y en donde siempre puedas
hallar, dulce bien mío,
violetas y jazmines
muriéndose de amor;

yo quiero ser el césped
florido y matizado
donde se asienten, niña,
las huellas de tus pies;
yo quiero ser la brisa
tranquila de ese prado
para besar tus labios
y agonizar después.

Si hay algún pecho amante
que de ternura lleno
se agite y se estremezca
no más para el amor,
yo quiero ser, mi vida,
yo quiero ser el seno
donde tu frente inclines
para dormir mejor.

Yo quiero oír latiendo
tu pecho junto al mío,
yo quiero oír qué dicen
los dos en su latir,
y luego darte un beso
de ardiente desvarío,
y luego... arrodillarme
mirándote dormir.


VI

Las doce... ¡adiós...! Es fuerza que me vaya
y que te diga adiós...
Tu lámpara está ya por extinguirse,
y es necesario.
—Aún no—.
Las sombras son traidoras, y no quiero
que al asomar el sol,
se detengan sus rayos a la entrada
de nuestro corazón. . .
—Y, ¿qué importan las sombras cuando entre ellas
queda velando Dios?
—¿Dios? ¿Y qué puede Dios entre las sombras
al lado del amor?
—Cuando te duermas ¿me enviarás un beso?
—¡Y mi alma!
—¡Adiós...!
—¡Adiós...!


VII

Lo que siente el árbol seco
por el pájaro que cruza
cuando plegando las alas
baja hasta sus ramas mustias,
y con sus cantos alegra
las horas de su amargura;
lo que siente pro el día
la desolación nocturna
que en medio de sus angustias,
ve asomar con la mañana
de sus esperanzas una;
lo que sienten los sepulcros
por la mano buena y pura
que solamente obligada
por la piedad que la impulsa,
riega de flores y de hojas
la blanca lápida muda,
eso es al amarte mi alma
lo que siente por la tuya,
que has bajado hasta mi invierno,
que has surgido entre mi angustia
y que has regado de flores
la soledad de mi tumba.


 Mi hojarasca son mis creencias,
mis tinieblas son la duda,
mi esperanza es el cadáver,
y el mundo mi sepultura...
Y como de entre esas hojas
jamás retoña ninguna;
como la duda es el cielo
de una noche siempre oscura,
y como la fe es un muerto
que no resucita nunca,
yo no puedo darte un nido
donde recojas tus plumas,
ni puedo darte un espacio
donde enciendas tu luz pura,
ni hacer que mi alma de muerto
palpite unida a la tuya;
pero si gozar contigo
no ha de ser posible nunca,
cuando estés triste, y en el alma
sientas alguna amargura,
yo te ayudaré a que llores,
yo te ayudaré a que sufras,
y te prestaré mis lágrimas
cuando se acaben las tuyas.

 VIII

1

Aún más que con los labios
hablamos con los ojos;
con los labios hablamos de la tierra,
con los ojos del cielo y de nosotros.

2

Cuando volví a mi casa
de tanta dicha loco,
fue cuando comprendí muy lejos de ella
que no hay cosa más triste que estar solo.

3

Radiante de ventura,
frenético de gozo,
cogí una pluma, le escribí a mi madre,
y al escribirle se lo dije todo.

4

Después, a la fatiga
cediendo poco a poco,
me dormí y al dormirme sentí en sueños
que ella me daba un beso y mi madre otro.

5

¡Oh sueño, el de mi vida
más santo y más hermoso!
¡Qué dulce has de haber sido cuando aun muerto
gozo con tu recuerdo de este modo!

 IX

Cuando yo comprendí que te quería
con toda la lealtad de mi corazón,
fue aquella noche en que al abrirme tu alma
miré hasta su interior.
Rotas estaban tus virgíneas alas
que ocultaba en sus pliegues un crespón
y un ángel enlutado cerca de ellas
lloraba como yo.
Otro tal vez, te hubiera aborrecido
delante de aquel cuadro aterrador;
pero yo no miré en aquel instante
más que mi corazón;
y te quise tal vez por tus tinieblas,
y te adoré, tal vez, por tu dolor,
¡que es muy bello poder decir que el alma
ha servido de sol...!

 X

Las lágrimas del niño
la madre enjuga,
las lágrimas del hombre
las seca la mujer...
¡Qué tristes las que brotan
y bajan por la arruga,
del hombre que está solo,
del hijo que está ausente,
del ser abandonado
que llora y que no siente
ni el beso de la cuna,
ni el beso del placer!

XI

¡Cómo quieres que tan pronto
olvide el mal que me has hecho,
si cuando me toco el pecho
la herida me duele más!
Entre el perdón y el olvido
hay una distancia inmensa;
yo perdonaré la ofensa;
pero olvidarla... ¡jamás!

XII

¡Ah, gloria! ¡De qué me sirve
tu laurel mágico y santo,
cuando ella no enjuga el llanto
que estoy vertiendo sobre él!
¡De qué me sirve el reflejo
de tu soñada corona!
¡cuando ella no me perdona
ni en nombre de ese laurel!

 XIII

La que a la luz de sus ojos
despertó mi pensamiento,
la que al amor de su acento
encendió en mí la pasión;
muerta para el mundo entero
y aun para ella misma muerta,
solamente está despierta
dentro de mi corazón.

XIV

El cielo muy negro, y como un velo
lo envuelve en su crespón la oscuridad;
con una sombra más sobre ese cielo
el rayo puede desatar su vuelo
y la nube cambiarse en tempestad.

XV

Oye, ven a ver las naves,
están vestidas de luto,
y en vez de las golondrinas
están graznando los búhos. . .
El órgano está callado,
el templo solo y oscuro,
sobre el altar... ¿y la virgen
por qué tiene el rostro oculto?
¿Ves?... en aquellas paredes
están cavando un sepulcro,
y parece como que alguien
solloza allí, junto al muro.
¿Por qué me miras y tiemblas?
¿Por qué tienes tanto susto?
¿Tú sabes quién es el muerto?
¿Tú sabes quién fue el verdugo?

Manuel Acuña.
Poemas para el alma.